El Secretario General de la ONU alertó este lunes que aprovechando la pandemia del coronavirus hay otra epidemia que se esparce  rápidamente entre países y se incrusta en nuestras sociedades: la de los movimientos racistas, supremacistas y neonazis. Ante esta grave amenaza, António Guterres pide una actuación global coordinada.

Durante su discurso de apertura del 46º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, Guterres aplaudió la decisión del organismo de informar sobre el racismo sistémico, la rendición de cuentas, la reparación y las respuestas a las protestas pacíficas contra el racismo. También llamó a intensificar la lucha contra estas ideologías.

“El peligro de estos movimientos avivados por el odio crece día tras día. Hay que llamarlos por su nombre: Los movimientos supremacistas blancos y los movimientos neonazis son algo más que una amenaza terrorista nacional. Se están convirtiendo en una amenaza transnacional”, advirtió.

Guterres explicó que estos grupos han aprovechado la aparición de la pandemia del coronavirus para aumentar sus filas mediante la “polarización social y la manipulación política y cultural”, y que representan la mayor amenaza para la seguridad interna de varias naciones.

“Un frenesí de odio invade a grupos e individuos, que recaudan fondos, reclutan personas y se comunican por internet en su propio país y en el extranjero y que viajan por el mundo para adiestrarse juntos y poner en red sus ideologías alimentadas por el odio”, avisó.

Un peligro que incluso llega hasta las personas “que ocupan puestos de responsabilidad” y que espolean a estos grupos de un modo “que hasta hace poco se consideraba inimaginable”.

Por ello, destacó la necesidad de llevar a cabo “una acción mundial coordinada para acabar con este grave y creciente peligro”.

La COVID-19 no puede ser una excusa para suprimir libertades

Pero estos grupos distan de ser los únicos movimientos que aprovecharon las complicadas circunstancias derivadas de la epidemia. Guterres extendió su mensaje a las autoridades de algunos países que han usado “políticas de mano dura” en cuestiones de seguridad, y han adoptado medidas de emergencia para “aplastar la disidencia, criminalizar las libertades básicas, silenciar la información independiente y restringir las actividades de las organizaciones no gubernamentales”.

Unas acciones que resultan en la detención, persecución, intimidación y vigilancia de defensores de los derechos humanos, periodistas, abogados, activistas políticos y médicos únicamente por cuestionar las respuestas de los Gobiernos a la epidemia.

Alertó que las restricciones relacionadas con la pandemia se están usando “para subvertir los procesos electorales, debilitar la voz de la oposición y suprimir las críticas” y que, en determinadas ocasiones, se ha dificultado el acceso a información vital sobre la COVID-19, mientras que se ha incrementado la desinformación.

El crecimiento exponencial de los usuarios de internet ofrece oportunidades pero también fomenta preocupación por las violaciones de privacidad.Captura de pantalla.

El crecimiento exponencial de los usuarios de internet ofrece oportunidades pero también fomenta preocupación por las violaciones de privacidad.

No se puede permitir el uso y el abuso de las plataformas digitales

A continuación, advirtió sobre la creciente importancia de las plataformas digitales y el “uso y abuso” que éstas hacen de los datos recopilados de cada persona, ya que se carece de control sobre esa información.

“No sabemos cómo se ha reunido tal información, quién lo ha hecho ni con qué fines. Esos datos se utilizan con propósitos comerciales: para fines publicitarios y de mercadotecnia y para que las empresas aumenten sus beneficios. Los patrones de comportamiento se están comercializando y vendiendo como contratos de futuros”, explicó.

El Secretario General avisó que esta gestión irregular de los datos ha provocado nuevos modelos de negocio cuyo resultado es contribuir “a una concentración cada vez mayor de la riqueza y la desigualdad”, y que también se usan para “moldear y manipular nuestras percepciones” sin apenas darnos cuenta.

“Los Gobiernos pueden explotar esos datos para controlar el comportamiento de su propia ciudadanía, violando los derechos humanos de personas o grupos. Todo esto está lejos de ser ciencia ficción o pronósticos distópicos sobre el siglo XXII. Está sucediendo aquí y ahora. Y exige un debate serio”.

Para lograrlo, puso como ejemplo la Hoja de Ruta para la Cooperación Digital de la Organización. 

Bachelet: «El uso de la fuerza no acabará con la pandemia»

 Por su parte, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos destacó que el combate a la pandemia pasa por “reconocer y reparar las fracturas que han socavado la capacidad de recuperación de nuestras sociedades”.

Michelle Bachelet indicó que la preparación de los esfuerzos de recuperación nos da la posibilidad de recomponer sistemas mejores y más inclusivos “que aborden las causas profundas y nos preparen para hacer frente a los retos que sin duda tendremos que afrontar”.

Para conseguirlo, Bachelet apeló a eliminar cualquier forma de discriminación; a fomentar una participación pública relevante para elaborar políticas más eficaces; a reunir toda la capacidad operativa de todos los organismos de la ONU para apoyar a los Estados; y a priorizar la construcción o el refuerzo de los sistemas para hacer realidad el derecho a la salud y el derecho a la protección social.

“Porque creo que todos somos conscientes de que el uso de la fuerza no acabará con esta pandemia. Enviar a los críticos a la cárcel no acabará con esta pandemia. Las restricciones ilegítimas a las libertades públicas, la extralimitación de los poderes de emergencia y el uso innecesario o excesivo de la fuerza no sólo son inútiles y carecen de principios. Disuaden de la participación pública en la toma de decisiones, que es la base de la elaboración de políticas sólidas”, destacó.

La Alta Comisionada manifestó que el escenario para acabar con la pandemia y acelerar una recuperación duradera y resistente es el de “la aplicación efectiva de los principios de derechos humanos, basada en la confianza pública”.

Para lograr esta confianza, Bachelet declaró que debe contarse con “una administración transparente, responsable e inclusiva, basada en una prensa libre, instituciones democráticas eficaces y la participación significativa del público en la política”. 

Bachelet destacó que todos los países deberían prestar un mayor apoyo a “estos pilares esenciales” y a las organizaciones de la sociedad civil “libres e independientes”.

Ayudar a los más vulnerables

El presidente de la Asamblea General de la ONU, Volkan Bozkir, subrayó que la mejor manera de recuperarse de la pandemia es centrarse en las necesidades básicas de la población, entre ellas las nuevas vacunas contra el coronavirus.

«Es esencial que todas las respuestas a la pandemia de COVID-19 se centren en los derechos humanos y promuevan la protección de nuestros ciudadanos, incluidos los más vulnerables, que son los que más necesitan nuestra atención y consideración», destacó.

Bozkir explicó que «esto incluye garantizar la distribución equitativa y justa de las vacunas para todos. Es fundamental que se facilite la participación de la sociedad civil, el sector privado y todas las partes interesadas, y que se les proporcione información durante la planificación y la evaluación de las respuestas.»

Guterres denuncia que se desvanecen los valores de la ilustración, mientras crecen el nacionalismo, el populismo y la xenofobia

18  Febrero 2021 Derechos humanos.

Para el titular de la ONU una gran parte del racismo actual está profundamente arraigado en siglos de colonialismo y esclavitud, pero también la actual “dimensión social y económica”, que pone de manifiesto en las escasas oportunidades de educación y empleo, y en el acceso a la sanidad y la justicia.

Fuente:Onu

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