Criado en Nueva York, Piazzolla regresó de joven a Argentina con un bandoneón que le había regalado su padre y con la mira puesta en transformar el tradicional tango popular. Su influencia de la música clásica, así como el bagaje adquirido durante sus estancias en Francia e Italia, lo aproximaron a un tango moderno, rico en instrumentación y exquisito al oído. 

Astor Piazzolla nació en Mar del Plata, Argentina, un 11 de marzo de 1921. Cuando tenía cuatro años se mudó a Nueva York, junto a su padre Vicente Piazzolla y su madre Asunta Manetti. Allí se instalaron en el bajo Manhattan, específicamente en ‘Little Italy’, el barrio italiano.

Su infancia en Nueva York estuvo influenciada por el gusto musical de su padre. ‘Nonino’, como le decían en casa, amaba el tango y se deleitaba con artistas como Carlos Gardel y Julio de Caro. De manera que le regaló un bandoneón a su hijo Astor. Pero en Nueva York no se enseñaba tango, así que los primeros estudios fueron de música clásica, de Bach, de Beethoven, de Chopin.

El fervor de Nonino por la música de Gardel les llevó a él y a su hijo Astor, a conocerlo en Nueva York. La química entre el adolescente Astor y el veterano Gardel los juntó en el set de la película ‘El día que me quieras’ de 1934.

Para 1935, dos semanas antes de la muerte de Gardel en el trágico accidente aéreo en Medellín, el músico argentino había invitado a Astor Piazzolla para que lo acompañara de gira. Pero sus padres se negaron porque apenas tenía 14 años. Bromeando, años después, Piazzolla dijo que de haber hecho el viaje, no habría tocado el bandoneón, sino el arpa.

La ruptura con el baile en la propuesta del tango de Piazzolla

A la edad de 16 años, Piazzolla regresó a su ciudad de origen Mar del Plata y un tiempo después se instaló en Buenos Aires. Su ingreso a las filas del tango fue como bandoneonista y arreglista en la orquesta de Aníbal Troilo, uno de sus primeros mentores.

Piazzolla comenzó a introducir elementos sinfónicos al tango de Troilo, que no cayeron del todo bien. De manera que abandonó dicha orquesta para fundar la suya en 1946.

Lo había dicho el propio Piazzolla: “En la Argentina se puede cambiar todo, menos el tango”. Pese a afirmarlo, Piazzolla modeló el tango a su manera. Para muchos, su orquesta estaba adelantada a la época, era una música del futuro.

Tradicionalmente, el tango argentino es una música popular que se baila. Pero a Piazzolla no le gustaba el baile. Decía que el tango era para escucharlo. Y su concepto lo siguió perfeccionando al tomar clases con el maestro Alberto Ginastera y luego, en la década de 1950, con la compositora francesa Nadia Boulanger.

En un viaje que hizo a Francia descubrió asombrado que los músicos de jazz y de swing disfrutaban en el escenario con sus improvisaciones, mientras que la solemnidad y la monotonía de los músicos de tango le recordaban los funerales.

Con aquella premisa en mente, Piazzolla conformó en 1956 ‘El Octeto de Buenos Aires’, un tango contemporáneo con un nivel de creatividad que mostraba sus dotes de genio musical. Esta era una música para escuchar, con dos violines, un chelo, un contrabajo, un bajo, una guitarra eléctrica, un piano, y por supuesto su bandoneón. La ruptura de su tango con el baile era evidente.

En 1958 regresó por dos años a Nueva York donde se vio influenciado por el jazz, los solos de improvisación y la música de Charlie Parker a quien admiraba. Este nuevo paso por la gran manzana lo inspiró para formar su famoso quinteto. Un grupo de músicos en que cada integrante era capaz de interpretar un solo de su instrumento. Era de nuevo un concepto de música de cámara, en el que el baile no entraba.

Un año más tarde, en 1959, su padre Vicente murió, y fue el momento en que Piazzolla le compuso un himno a su memoria, al amor que le profesaba, “Adiós Nonino”. Se trató de una de las piezas más representativas de la vasta carrera musical de Piazzolla.

El paso por el tango popular y el tango electrónico

Para finales de la década de 1960, Piazzolla buscó acercarse a la música popular, menos rupturista, menos de élites y logró en 1966 trabajar en el disco ‘La Historia del Tango’.

En 1967 compuso junto con el poeta Horacio Ferrer la ópera tanguera ‘María de Buenos Aires’, estrenada y protagonizada en 1968 por Amelita Baltar y Héctor de Rosas.

Dos años después, en 1969, Piazzolla compuso ‘La balada por un loco’, un tema musical que lo acercó al argentino de a pie, al de las cantinas, al de los barrios.

Pero Piazzolla tenía preparado un cambio en su forma de aproximarse al tango. De modo que para la década de 1970, se radicó en Italia donde incursionó en sonidos electrónicos. En 1973 grabó uno de sus temas más famosos, ‘Libertango’, una música progresista, vanguardista. Un tango que le coqueteaba al jazz y al rock. Una música del futuro. Tanto le apasionaba este cambio que formó su octeto electrónico, pero prontamente fue disuelto ante las críticas de que su música ensordecía.

La consagración mundial del compositor argentino

De regreso en Argentina, Piazzolla conformó un segundo quinteto en 1978, con un trabajo muy intenso de presentaciones y conciertos. Se trató de la madurez de Piazzolla, una época de consagración en la que el mundo entero admiraba su trabajo.

Hizo colaboraciones con artistas internacionales de alto renombre como el vibrafonista Gary Burton, el saxofonista Gerry Mulligan, la cantante italiana Milva, entre otros. Incluso llegó a componer bandas sonoras de películas como ‘El exilio de Gardel’, por el cual recibió el Premio César, en 1986, el denominado Óscar de los franceses.

Aplaudido por su generación y visto como un virtuoso, en 1979 Piazzolla exploró la música sinfónica, con obras como ‘Concierto Para Bandoneón y Orquesta’. Pero muchos expertos criticaron que esta música erudita pecaba de culta y no era lo suyo.

De manera que Piazzolla retornó al tango en la década de 1980, con un segundo quinteto, y en 1988 compuso ‘La Camorra’, su último ensamble del cual dijo que era “la cosa más grande que había hecho”.

Aquejado por su salud, Piazzolla sufrió un paro cardiaco y después un accidente cerebrovascular que lo aminoraron hasta su muerte el 4 de julio de 1992 en Buenos Aires.

El 11 de marzo de 2021 estaría cumpliendo cien años. Este músico adelantado a su época alguna vez dijo que tenía una ilusión, “que su obra se escuchara en el 2020, y en el 3000 también”.

Nota original: https://www.france24.com/

 

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