La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes emitió su informe anual, que corresponde al periodo 2020 analizando qué ha significado el Covid y sus medidas de confinamiento asociadas, al mundo del narcotráfico y una de los hallazgos relevantes es la confirmación de que el carte de Sinaloa está operando en la región venezolana de Zulia, fronteriza con Colombia. 

«La pandemia de COVID-19 ha afectado a las rutas de tráfico, la oferta y la demanda de drogas y las formas del microtráfico en América del Sur», y además «En Sudamérica están aumentando la fabricación y la presencia de drogas sintéticas, especialmente en Chile», señala el informe.

América del Sur se ha visto muy afectada por la pandemia de COVID-19, la cual ha tenido repercusiones importantes en el cultivo, la fabricación, el tráfico y el consumo de drogas en la región. Al aplicarse en toda la zona medidas de confinamiento con diversos grados de rigor, las organizaciones delictivas volvieron a demostrar su capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, según señala el organismo perteceniente a la ONU.

Ello se observó en particular en los canales de la circulación ilícita de drogas: se crearon rutas sustitutivas para eludir el cierre de las fronteras y las restricciones a los viajes por tierra y aire; las rutas marítimas cobraron gran importancia, ya que los traficantes aprovecharon la falta de capacidad de algunos países de la región para detectar e incautar las sustancias fiscalizadas que se trafican por rutas fluviales y marítimas; y aumentó el uso de aeronaves ligeras, que eludían los radares volando a baja altura para transportar drogas entre Bolivia (Estado Plurinacional de), el Brasil y el Perú.

Los grupos delictivos organizados con más recursos almacenaron drogas, lo que les permitió prevenir y superar mejor las consecuencias del confinamiento para sus operaciones ilegales. La reducción de la actividad económica y las restricciones al transporte repercutieron, a su vez, en la compra de precursores. De ese modo, mientras algunas organizaciones delictivas han recurrido a sus reservas de productos químicos para producir clorhidrato de cocaína, otras han intentado fabricar precursores por cuenta propia. Aunque antes de la pandemia de COVID-19 se observaba que los grupos delictivos organizados procuraban hacerse autosuficientes para la fabricación de cocaína, las restricciones causadas por aquella han hecho que se interesen más por formular y fabricar sus propios precursores, a fin de mantener su  producción en situaciones difíciles.

Además, el confinamiento debido a la pandemia ha modificado las prácticas del microtráfico en toda la región, porque los traficantes aprovechan cada vez más servicios lícitos existentes, como los de reparto de alimentos, plataformas de Internet y servicios de emergencia, o se mimetizan con ellos para encubrir sus actividades. En julio de 2020 se detuvo a 24 personas en Chile por utilizar un servicio de reparto de alimentos falso como fachada para distribuir cocaína, cannabis y clonazepam. Otros narcotraficantes han aprovechado para el contrabando de drogas el transporte de equipo esencial durante la pandemia.

En marzo de 2020, las autoridades del Brasil descubrieron 1,1 t de cocaína ocultas en guantes quirúrgicos que se transportaban en un camión, y la policía del Perú se incautó de más de 1 kg de drogas disimuladas en cajas con máscaras protectoras destinadas a Hong Kong (China).

Se prevé que la crisis económica causada por la pandemia de COVID-19 hará que las modalidades del consumo y el tráfico de drogas se orienten hacia sustancias más baratas y adictivas.

«El Observatorio Chileno de Drogas ha señalado una posible expansión del mercado ilícito de drogas sintéticas que son más baratas de fabricar y más fáciles de transportar y distribuir. Ello ocurre en un momento en que resulta cada vez más notoria en la región la presencia de drogas sintéticas como el éxtasis»

 

Presencia del Cartel de Sinaloa en América del Sur

En la República Bolivariana de Venezuela, el número de pistas de aterrizaje clandestinas y el de presuntos vuelos de tráfico de drogas aumentaron en 2019. El Gobierno comunicó que ese año había decomisado 23 aeronaves ligeras y destruido 36 pistas de aterrizaje clandestinas. La mayoría de las que hay en ese país quedan en el estado de Zulia, limítrofe con la región del Catatumbo en Colombia, que es una zona importante de fabricación de cocaína. Sin embargo, el número de ellas en Zulia podría ser mayor.

Según informaron varias organizaciones que se ocupan de este asunto, se han detectado unas 400 pistas de aterrizaje y despegue de aeronaves con destino a las islas del Caribe y América Central. Al parecer, las drogas que se transportan por aire desde la República Bolivariana de Venezuela se dirigen principalmente a El Salvador y Honduras. También se ha detectado en Zulia la presencia del cártel mexicano de Sinaloa, que ha aprovechado las pistas de aterrizaje para construir centros de tránsito y recogida de estupefacientes, con el apoyo del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, que ha ampliado sus actividades en la República Bolivariana de Venezuela.

«También se ha detectado en Zulia la presencia del cártel mexicano de Sinaloa, que ha aprovechado las pistas de aterrizaje para construir centros de tránsito y recogida de estupefacientes»

 

Laboratorios en Chile

En el mercado ilícito de cannabis de Chile están apareciendo distintas variedades de esa sustancia. En ese país se han septuplicado en los últimos tres años las incautaciones del cannabis creepy, forma genéticamente modificada que contiene altos niveles de THC y que interesa a los traficantes por ser muy lucrativa.

En Chile también se observó en 2019 una afluencia preocupante de drogas sintéticas. En 2010, ese país había comunicado la incautación de unas 2.000 dosis, pero esa cifra había aumentado a 1,5 millones en 2019. Las autoridades chilenas están alarmadas por la presencia creciente de esas drogas, que también se refleja en el número de incautaciones y de laboratorios desmantelados. En 2010 se realizaron siete incautaciones de sustancias de tipo éxtasis (1.501 dosis), y en 2019, el número había aumentado a 444 (741 dosis). Según los datos más recientes del Observatorio Chileno de Drogas, en 2019 se descubrieron 15 laboratorios clandestinos de fabricación de drogas, dedicados principalmente a la de drogas sintéticas.

Revisa el informe completo de la JIFE:

https://unis.unvienna.org/pdf/2021/INCB/INCB_Report_S.pdf

 

 

 

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