Florencia Lagos Neumann

Analista Internacional y Corresponsal de Crónica Digital.

Creo que lo primero es situarnos en el contexto global en el que estamos viviendo, porque de aquello deviene el hecho de que hoy se haya tergiversado el rol de los medios de comunicación en la sociedad.

Pero me refería a que debemos entender el contexto geopolítico en el que estamos viviendo y su principal contradicción que es la disputa por la hegemonía mundial y en este caso la vemos reflejada en una de las guerras comerciales más grandes de la historia, la que libran Estados Unidos y China.

En respuesta al actual cuadro geopolítico mundial, el gobierno de los Estados Unidos necesita a América Latina bajo su total dominio y actualmente, en nuestra zona, en nuestro territorio geopolítico, el continente americano, la dominación y hegemonía norteamericana es un hecho, es una realidad.

El gobierno de los Estados Unidos necesita a América Latina bajo su total dominio y actualmente, en nuestra zona, en nuestro territorio geopolítico, el continente americano, la dominación y hegemonía norteamericana es un hecho, es una realidad.

Esto es especialmente intenso en el campo de la industrialización y mercantilización de la cultura; en la propiedad de los medios de comunicaciones realmente existentes; en la cantidad y en la calidad de los mensajes que, mayoritariamente, inundan los territorios de nuestras naciones y pueblos.

Pero, es necesario hacer un poco de historia.

Tras la caída de los muros, del campo socialista, cuando el capital especulativo financiero se apropia de la economía mundial en corto tiempo (ciclo que Marx previó y pronosticó con extrema claridad), se deviene simultáneamente el surgimiento de una estrategia paradigma político, cultural, comunicacional, que trata de imponer la idea que la globalización generaría nuevas democracias en el campo del conocimiento, de las tecnologías, de las redes, de los saberes y de la Cultura.

El campo neoliberal se hizo fuerte con la idea y el paradigma de que este nuevo ciclo de la humanidad generaría grandes espacios horizontales y el surgimiento de diversidades múltiples; comunidades y aldeas globales diseñadas a pincel por teóricos y filósofos de ese mismo campo, como Fukuyama (El fin de la historia) Marshall Mchluhan (El medio es el mensaje). Que en el marco de esa globalización, los territorios para las identidades, las aldeas, los pueblos y naciones tendrían más espacio para una imbricación con las grandes tendencias de la civilización, hegemonizadas en el autodefinido mundo occidental.

 

En rigor, más allá de nuevos formatos, lo que hoy existe es una tendencia predominante a la estandarización, a la homogeneidad; y las nuevas tecnologías y la sistematización de datos, se usan en el contexto de las estrategias de dominación y de paradigmas de control y direccionalidad de conductas, y saberes.

En rigor, más allá de nuevos formatos, lo que hoy existe es una tendencia predominante a la estandarización, a la homogeneidad; y las nuevas tecnologías y la sistematización de datos, se usan en el contexto de las estrategias de dominación y de paradigmas de control y direccionalidad de conductas, y saberes.

El tema es que ya no sólo se definen las opciones del conocimiento y de la información… sino el que pensar y como pensarlo.

La transnacionalización del sistema mediático, (salvo excepciones como Cuba y los intentos de nuevos sistemas de medios en Venezuela, Argentina, Uruguay, Ecuador y Bolivia), es una tendencia creciente, y genera lógicas y dispositivos de mediano y largo plazo.

Los sujetos sociales, que tenazmente han resistido y han continuado perviviendo y abriendo brechas; los pueblos, como sujetos de identidad nacional, también han resistido,    pero es evidente que la ofensiva neoliberal y pos moderna persiste.

Este es, esencialmente, el territorio real en el cual se debe considerar una contracultura; la construcción de subjetividades e   identidades populares y de mayorías nacionales, la batalla por incidir y hasta cambiar los espacios mediáticos y de control     transnacional.

Roland Barthes, semiólogo proveniente del estructuralismo Marxista francés, hace ya un buen tiempo develó que los procesos   comunicacionales originados desde el sistema mediático, especialmente, plantean el desafío de la construcción de mensajes en donde, propiamente, se pueden alcanzar grados de verosimilitud (qué no es lo mismo que verdad ontológica y cognitiva) y que pueden cubrir el rango de una lógica: mentira-verdad; verdad-mentira.

Hoy, el campo de la mediación neoliberal y pos moderna, ya ha desarrollado procedimientos, tecnologías, saberes que potencian para sus intereses y paradigmas lo que Barthes señalaba a finales del siglo pasado.

No son en sí las tecnologías propiamente, son sus aplicaciones, sus puntos de referencia, sus diseños, sus procedimientos, en fin, es el sistema de mediación en su conjunto, que no es lo mismo que el sistema de medios, el que ha tomado especial relevancia en las estrategias de dominación. Las posibilidades de control y de direccionalidad son mucho mayores, y se han incrementado las estrategias de uso. La denominada construcción de realidades, la tan mentada pos verdad, que en definitiva, y sin eufemismo, es la construcción verosímil de mentiras.

No son en sí las tecnologías propiamente, son sus aplicaciones, sus puntos de referencia, sus diseños, sus procedimientos, en fin, es el sistema de mediación en su conjunto, que no es lo mismo que el sistema de medios, el que ha tomado especial relevancia en las estrategias de dominación.

Son expresión de diseños y estrategias que inundan el sistema de medios; las redes; los territorios… en definitiva, el sistema global de mediación-dominación.

Ciertamente, es urgente el diseño de estrategias de contra cultura hegemónica.

El punto es que estas estrategias deben necesariamente contar con soportes y dispositivos de poder. De poder político y comunicacional.

Del mismo modo, ser expresión sustantiva de sujetos socio-políticos que, en su accionar, deben apuntar a la disputa de las hegemonías culturales desde lo cotidiano.

Las experiencias de Bolivia, de Cuba, de Uruguay, de otras naciones, muestran que el tronco identitario-histórico-cultural es la base la raíz de un diseño de contra-hegemonía. La denuncia es muy relevante, pero en las actuales circunstancias, es insuficiente.

La propuesta, entonces, es involucrar en toda su complejidad, a los sujetos de la construcción de subjetividad, desde el campo llano, desde la comuna, desde el territorio.

Si bien es necesario utilizar los medios de comunicación masiva, redes, prensa etc.… debemos tener claro que, en atención a lo que señalaba anteriormente: “La hegemonía mediática nos dirige que mirar, que pensar y como pensarlo”, esos mensajes sólo llegarán a nuestros seguidores convencidos a priori de nuestros argumentos, por eso se hace imprescindible no abandonar el territorio, la calle, la construcción de subjetividad  con los ciudadanos y ciudadanas como protagonistas de los procesos en vivo y en directo.

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