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Felipe Soto

Director del periódico Resumen

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Uno de los principales problemas en el ámbito del derecho a la comunicación es la sobrerepresentación de la visión de la oligarquía chilena en los distintos formatos de los medios de comunicación masivos.

Esta sobrerepresentación se debe, en gran parte, por la concentración de la propiedad del espacio radiofónico, la televisión y los grandes medios de internet en los principales grupos económicos del país: oligopolios accionarios que además tienen importantes intereses en los principales sectores de la economía chilena. Y por cierto, además, a la sistemática inyección de recursos del avisaje estatal en sus arcas.

Es decir, para comenzar a construir el derecho efectivo, libre, colectivo y soberano de informarse y comunicarse, se debe, en primer lugar, intervenir la concentración de la propiedad de los medios de comunicación, concentración similar a la de los demás sectores de la economía transnacionalizada chilena, donde los súper ricos maniatan su desarrollo. Y también, el subsidio del Estado chileno a los grandes grupos económicos de los medios de comunicación.

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Para comenzar a construir el derecho efectivo, libre, colectivo y soberano de informarse y comunicarse, se debe, en primer lugar, intervenir la concentración de la propiedad de los medios de comunicación, concentración similar a la de los demás sectores de la economía transnacionalizada chilena, donde los súper ricos maniatan su desarrollo. Y también, el subsidio del Estado chileno a los grandes grupos económicos de los medios de comunicación.

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Los medios reproducen la visión oligárquica y centralista de la histórica oligarquía santiaguina, instalada en el poder tras la intervención en la historia chilena del tirano Diego Portales. Esta visión produce un sesgo, una distorsión en la construcción de la propia identidad regional que sigue viéndose a través de las anteojeras santiaguinas. ¿Cómo permitir que las regiones tengan sus propios medios, construyan y transformen su identidad, planteen sus demandas, fiscalicen el erario público, denuncien las injusticias y den voz a “los nadie”?: pues interviniendo la concentración de la propiedad, financiando iniciativas locales que estén fuera de la brújula del lucro, con miras a la construcción de un país descentralizado. ¿Y por qué no, Federal?. ¿Y por que no, municipal?. ¿Y por qué no, comunal?.

Sólo en la medida en que se construya una nueva visión del Estado chileno, de su concepción identitaria, territorial, social, de una economía respetuosa del medioambiente, de las comunidades y sus trabajadoras y trabajadores -lejos de la actual realidad estatal oligárquica, subsidiaria, represiva y auxiliar del extractivismo transnacional-, podremos hablar de derechos sociales, del derecho a la comunicación, del derecho a la libre expresión, a la libertad de prensa.

En fin, se trata de una discusión de carácter público, político y filosófico ¿De qué manera concebirnos como una sociedad de derechos colectivos, rompiendo de facto con el régimen individualista extremo del neoliberalismo reinante?

Considero que estas ideas son propias de la discusión constitucional actual. Nada menos que eso, debe ser la base de una discusión sobre una nueva Carta Magna. Y es en parte, lo que reclama el pueblo chileno desde el Estallido Social hasta nuestros días.

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Los medios reproducen la visión oligárquica y centralista de la histórica oligarquía santiaguina, instalada en el poder tras la intervención en la historia chilena del tirano Diego Portales. Esta visión produce un sesgo, una distorsión en la construcción de la propia identidad regional que sigue viéndose a través de las anteojeras santiaguinas.

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