En el Chile de hace muchos años nos pasan el «gato por liebre» por ser pocos prolijos al momento de analizar, estructurar o simplemente de imaginarnos cómo sería un proceso adecuado y sin fallas estructurales, en donde no sólo los recursos del Estado estén protegidos sino también se resguarde la fe pública.

 

Falta de información y quitarle la vista a la transparencia, son algunos de los puntos a fiscalizar de parte del común de la gente a los administradores del gobierno de turno, sin embargo, en la amplia lista de recovecos de la burocracia estatal es muy fácil perderse.

 

El 26 de agosto y a 13 años de su publicación en el Diario Oficial, la titular del Consejo para la Transparencia, organismo encargado de velar por el derecho a acceder a información pública, subrayó que la iniciativa que se tramita actualmente en el Parlamento es el “piso mínimo”, pero que no ha logrado avanzar y que requieren mejores estándares.

 

Que atingente suenan estas palabras posteriores a la supuesta «malversación de instrumento público» como se le pintó la cara al candidato presidencial de la Lista del Pueblo, Diego Ancalao, esa «lista que es posible que no sobreviva a la arremetida de los partidos políticos por controlar ese espacio de poder.

 

El momento de mayor tensión institucional es, sin lugar a duda, la elección Presidencial, y el Estado debe estar preparado para ello, sin embargo, en los momentos de crisis todo se cae y desde el 2017 que el «Señor SERVEL» da luces de salvaguardar la institucionalidad partidaria, el ejemplo más claro es el  irregular proceso de re fichajes de ese año. Pero hoy sobre la necesidad de la bancada de Renovación Nacional de identificar quién o quiénes han incumplido la normativa, el Señor SERVEL acude nuevamente al salvataje,  siendo que la misma normativa ya está corrupta desde el año 2017, ¿acaso no se revisaron con suficiente meticulosidad los procesos anteriores?(…) pero ¡Señor SERVEL por favor!, el escarnio público le debe salpicar en la cara si es que surgen anormalidades no identificadas con anterioridad. Que prime el resguardo a la fe pública.

 

Lo seguro hoy es que la «Lista del Pueblo» molesta, su sola presencia incomoda a moros y cristianos, a quienes tienen prácticas acuñadas desde sus aulas universitarias y hoy son probos representantes populares, hasta quienes ostentan poder hace años. No hay política nueva sino sólo política, pero hay que entenderla rápido, ya que todavía hay gente buena entre estos mismos moros y cristianos, pero hay que darse el tiempo para encontrarlos, mientras se debe observar con detenimiento  este proceso de crisis que permitirá que caigan más instituciones, apuesta cuál es la tuya, la mía es la representatividad.

 

 

 

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