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Presidente Boric desde la ONU «Chile ha mantenido una alta concentración de la riqueza, llevándonos a ser uno de los países más desiguales del mundo».

«…Resulta indesmentible que el modelo de desarrollo que adoptamos en Chile ha mantenido una alta concentración de la riqueza, llevándonos a ser uno de los países más desiguales del mundo«

Gabriel Boric Presidente de Chile en Asamblea general número 77 de las Naciones Unidas

En el marco del 77° período de sesiones, este martes el Presidente Gabriel Boric pronunció su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos.

El Presidente no omitió el proceso chileno y en su discurso tocó distintos ejes. En materia internacional, el Jefe de Estado hizo alusión a la guerra de Rusia en Ucrania, llamando a la paz y al respeto de los derechos humanos, así como también al conflicto entre Palestina e Israel, la guerra entre Rusia y Ucrania además de la guerra comercial entre Estados Unidos y China

A continuación el discurso del Mandatario: 

Sr. Presidente, Sr. Secretario General, estimadas y estimados Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno, a todos los distinguidos invitados del día de hoy. Es para mí un honor poder estar con ustedes en esta Asamblea General por primera vez. 
 
Vengo de Chile, que es un hermoso país situado en el extremo sur de América, entre la Cordillera de Los Andes, que es la columna de nuestro continente y el majestuoso e imponente Océano Pacífico. Un país que tiene una geografía diversa y paisajes conmovedores, en donde conviven juntos los cielos más claros con los mares más tempestuosos, y el desierto más seco, con ciudades hechas de lluvia. 
 
El pueblo chileno, como quizás algunos de ustedes conocen, es trabajador y solidario. Gracias a su esfuerzo hemos pasado en algo más de dos siglos de ser la colonia más pobre de España en América a ser un país independiente, libre, soberano y pujante. Un país con tremendas oportunidades, que hoy está a las puertas de un desarrollo integral, y que estamos trabajando para que sea para todos y no para unos pocos.
 
Un país que tiene que cobre y litio para la electromovilidad, un país con hidrógeno verde en desarrollo para proveer de energías limpias al mundo, un país con largas costas y áreas marinas protegidas para cuidar al medio ambiente. También, con universidades de primer nivel para crear y compartir conocimiento. 

Vengo a decirles, estimados colegas, que Chile necesita al mundo y el mundo, también, necesita a Chile. 

Pero como ustedes y ha quedado claro en los discursos que nos han antecedido, vivimos en una época de profundas incertidumbres y sobresaltos, en la que es claro que no existen naciones, estando todas aquí representadas, que sean aisladas o inmunes a los sobresaltos, a lo que acontece a nivel global, y en esto nuestro país, por cierto, no es la excepción. Así, la guerra de agresión, la injusta guerra de agresión desatada por Rusia en Ucrania -pueblo al que le expresamos nuestra solidaridad- empujó al alza el precio de los combustibles y causó desabastecimiento de granos y fertilizantes, causando un fuerte impacto en nuestra economía y, de seguro, también, en las de muchos de ustedes.

También, y aunque esto cueste a veces hablarlo, la guerra comercial entre Estados Unidos y China desatada en 2018, bajo la administración anterior de Trump, como también la pandemia, desestabilizaron la economía global y afectaron, también, la nuestra, como seguro, también la de ustedes.  
 
En otra dimensión, la crisis humanitaria en Venezuela producto de ya su prolongada crisis política, ha generado un flujo migratorio que es inédito en nuestra región y en nuestro país, poniendo una presión tremenda sobre nuestras instituciones y nuestra sociedad. 
 
Por último, como seguramente muchos de ustedes están viviendo, la crisis climática afecta con particular fuerza a nuestro continente americano y, también, en particular, a El Caribe y los sistemas de vida de nuestra gente. En Chile, de hecho, cumplimos con 7 de los 9 criterios de vulnerabilidad establecidos por las Naciones Unidas, por nosotros mismos, áreas de borde cortero de baja altura, zonas áridas y semiáridas, zonas de bosques, propensión a los desastres naturales, sequía y desertificación, zonas urbanas con contaminación atmosférica y ecosistemas montañosos. 

Sin embargo, nuestro país, como seguramente en muchos de los ustedes, muchos de los del sur global, produce y es responsable de una parte mínima, en nuestro caso el 0,24% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Mientras los países de las economías más grandes del G20, como nos recordaba el Secretario General, produce el 80% de los gases de efecto invernadero. 
 
Como resulta evidente, en estos días ningún país, sea grande o pequeño, humilde o poderoso, puede pretender salvarse solo.
 
Mientras preparaba en mi país este discurso, pensaba cómo en medio de tantos discursos, de seguro muy interesantes, contando la realidad específica de cada país, podía aportar con un pequeño grano de arena a la construcción de un mundo más justo y posible. Y consciente que no soy quién para dar lecciones sobre cada uno de los problemas que vive el mundo convulso en el que habitamos, pensé que contarles nuestra experiencia reciente como país puede servir, a quien quiera escuchar, para sacar vuestros propios aprendizajes.
 
Chile vive actualmente un intenso proceso político. Hace casi tres años debimos hacer frente a una grave crisis política y social. Durante aquellos días, una gran mayoría de chilenos y chilenas manifestó su malestar frente a la desigualdad y los abusos. Su indignación frente a las largas esperas para recibir atención en la salud pública. Su hastío frente a las millonarias deudas por estudiar. Su rechazo a las pensiones de miseria después de largos años de trabajo. Es quizás una historia conocida para muchos de ustedes. 
 
Dentro de pocos meses, se cumplirán 50 años desde que el Presidente Salvador Allende, desde esta misma testera que tengo el honor de estar hoy día, diera cuenta de los importantes cambios sociales y políticos que vivía nuestro país. Porque somos un país que lleva largo tiempo buscando su camino propio hacia la dignidad y, si bien durante los gobiernos democráticos de los últimos 30 años se redujo notablemente la pobreza y hubo importantes avances en materia social, resulta indesmentible que el modelo de desarrollo que adoptamos en Chile ha mantenido una alta concentración de la riqueza, llevándonos a ser uno, y esto nos duele, colegas, uno de los países más desiguales del mundo. 
 
Esta desigualdad, como de seguro también pasa en muchas de las naciones en vías de desarrollo, ha obstaculizado nuestro camino al desarrollo, pero no sólo eso es una amenaza latente para la democracia, pues fractura la sociedad misma, destruye la cohesión social y, por lo tanto, termina siendo un impedimento para entendernos y construir juntos y juntas un devenir que sea más libre y más justo.
 
El estallido social que viviera Chile en 2019 dejó perplejos a muchos observadores, algunos de ustedes, que preguntaban qué está pasando en este país y también algunos actores de la vida nacional. Y es que a muchos les llamó la atención que un país que ha logrado índices importantes de crecimiento económico y de desarrollo humano que dan cuenta de importantes mejoras en la calidad de vida de su población, se haya visto enfrentado, a la vez, a una crisis tan profunda.
 
Desgraciadamente, lo que ocurrió en mi Patria no fue casual, no fue casualidad, sino la consecuencia de innumerables historias de dolor y postergación que se fueron incubando y afectando el corazón mismo de nuestra sociedad. Y quiero decirles que aquello, aunque no se espere, puede pasar en sus países también. Por eso los quiero invitar a anticiparse, anticiparnos todos juntos en la búsqueda de una mayor justicia social. Distribuir de mejor manera la riqueza y el poder debe ir de la mano con un crecimiento sostenible. Y tengo la profunda convicción que espero sea compartida, que aquello es posible y es urgente. 
 
Desgraciadamente, debo decirlo porque acá uno no puede solamente venir a hablar de las cosas buenas, este descontento se manifestó también en graves episodios de violencia, como la inaceptable quema de estaciones de metro y la vandalización de centros cívicos. Y, por otro lado, fuimos testigos de una represión descontrolada que terminó con muertes, heridos y más de 400 personas víctimas de trauma ocular producto de la acción del Estado, lo que constituye, desde el punto de vista de nuestro Gobierno y de organismos internacionales de derechos humanos, en una grave violación a los derechos humanos que debe ser reparada y así lo será. 

Fue, estimados colegas, una larga historia de injusticias la que se expresó en nuestro país en octubre y en diciembre del año 2019. Pero, también, y esto es lo lindo de cómo las historias son más largas que nosotros mismos, quienes hoy día ocupamos estos puestos, también fue la historia larga de la movilización ciudadana y las luchas sociales, esa que permitió el retorno a la democracia, el reencuentro de los demócratas, como dijera el Presidente Aylwin a fines del siglo pasado, o en la que en los albores del siglo XX permitió avanzar en derechos para los trabajadores y trabajadoras. En las manifestaciones del 2019 también estaban las mujeres del siglo pasado que avanzaron, pese a todo, hacia el derecho al voto femenino, nos acompañó el recuerdo de los obreros que lograron el derecho al descanso y los pobladores que lucharon y siguen luchando por una vivienda digna. Son todas esas memorias y luchas sociales las que estuvieron presentes.

Y los valores detrás de este profundo malestar, la igualdad, la justicia, la libertad, no son ajenos a un reclamo que cada vez, con más frecuencia, vemos en el mundo y en esta testera. La protección y promoción de los derechos humanos en cualquier parte y por cualquier régimen, el trabajo decente, la protección social universal y la lucha contra la crisis climática son demandas universales que son el foco de «Nuestra Agenda en Común» liderada por nuestro Secretario General, António Guterres, y de los objetivos del desarrollo sostenible.

Estimados líderes del mundo:

La salida para caminar en la solución pacífica y democrática de la crisis que vive nuestro país fue un acuerdo importante entre las principales fuerzas políticas que permitió la elaboración de una ruta hacia la redacción de una nueva Constitución, una que fuera capaz de sentar las bases de un nuevo contrato social.

Esta ruta impulsada por la sociedad chilena desde la protesta y la lucha social, y encausada políticamente por diversas instituciones, fue refrendada por un plebiscito de entrada en donde un 80% de los votantes se manifestó a favor de una nueva Constitución escrita por un órgano especialmente electo para aquello.

Y el desafío no es menor. Consiste en lograr, como nunca antes en nuestra historia, una Constitución democrática escrita con participación ciudadana, con participación de los pueblos indígenas y con paridad entre hombres y mujeres. Una Constitución para todos y todas, pero también hecha por todos y todas.

Hace algunas semanas, sin embargo, el trabajo realizado por la Convención Constitucional entre 2021 y 2022 fue sometido a consulta ciudadana a través de un plebiscito en el que los chilenas y chilenas participaron de nuevo masivamente, un 85% de participación. Y en este evento electoral, los ciudadanos rechazaron, de manera clara, la propuesta por un 62% contra un 38% por lo que hoy como país estamos buscando nuevas fórmulas para construir ese lugar de encuentro entre todos los chilenos y chilenas.

Mi opción personal en ese plebiscito fue de aprobar la propuesta que nos hacía la Convención, pero el resultado fue el contrario. Algunos han querido ver el resultado del plebiscito como una derrota del Gobierno. Y con toda humildad quiero hoy día decirles a estas Naciones Unidas que nunca un gobierno puede sentirse derrotado cuando el pueblo se pronuncia. En democracia, la palabra popular es soberana y es la guía para todo momento.

Pero ¿por qué les hablo de esto? Porque, a diferencia del pasado, en que las diferencias en Chile fueron resueltas a sangre y fuego, hoy las chilenas y los chilenos acordamos enfrentar de manera democrática nuestros desafíos.

Y se los cuento porque estoy seguro de que uno de los principales desafíos de la humanidad hoy día es el de construir democracias que de verdad le hablen y escuchen a la gente y que acepten los resultados cuando no son los esperados. Quienes asistimos a esta asamblea tenemos el deber de mejorar nuestras democracias. 

Durante las multitudinarias jornadas de movilización la palabra “dignidad” se hizo presente.

Pues bien, ese mismo pueblo se acaba de expresar dándonos una lección de democracia que tomamos. Chile le ha exigido a su democracia y a sus actores políticos estar a la altura de sus demandas y el desafío de hoy que tenemos nosotros es estar, también, a la altura de ellas. 

Como Gobierno, hemos recogido los resultados del reciente plebiscito con los ojos y el corazón bien abiertos. Queremos escuchar lo que el pueblo nos está diciendo porque confiamos en su criterio y confiamos en su voluntad. Y hay cosas que hemos entendido muy claramente que quiero, brevemente, compartir con ustedes. Los resultados son la expresión de una ciudadanía que demanda cambios sin poner en riesgo sus logros presentes. Que quiere un mejor futuro construido con seriedad y sin caer en nuevas inseguridades. Un futuro de cambio con estabilidad.

Y hemos entendido también, y esto como joven que hace pocos años estaba en la calle, en las protestas, que representar el malestar es mucho más sencillo que producir las soluciones para esto, que quienes nos dedicamos a la exigente tarea de la política muchas veces confundimos con facilidad los éxitos que podemos tener como voceros de la molestia ciudadana con nuestra real capacidad de ser constructores de mejores futuros. Y el resultado del plebiscito en nuestro país nos ha enseñado a ser más humildes, la democracia debe ser humilde, y a asumir que la construcción del Chile que soñamos no está en las recetas de ningún sector en particular, sino en la síntesis que podamos hacer combinando lo mejor que cada uno puede aportar.  
Así se gobierna en el siglo XXI: movilizando las capacidades y la sabiduría de nuestras sociedades y no pretendiendo sustituirlas.

Como Presidente de Chile estoy convencido de que, en el corto plazo, Chile tendrá una Constitución que nos satisfaga y nos enorgullezca, una construida en democracia que recoja el aporte de todos los sectores de la sociedad y que sea capaz de reflejar los anhelos de justicia y libertad.

Estimadas y estimados delegados, desde la humilde historia de mi Patria puedo decirles con mucha convicción que el camino para enfrentar los problemas que aquejan a nuestras sociedades se pavimenta con más democracia y no con menos; incentivando la participación y no restringiéndola; fomentando el diálogo y jamás censurándolo. Y, sobre todo, respetando a quien piensa distinto, incorporando sus puntos de vista y entendiendo que el tener opiniones diversas no nos vuelve enemigos. Me rebelo frente al abismo que algunos pretenden cavar ante la legítima diversidad de opiniones y, desde Chile, declaramos nuestra voluntad de ser constructores de puentes ante estas brechas que nos impiden encontrarnos como sociedades diversas.

Esta es la experiencia y el aprendizaje que, desde nuestro pequeño país, queremos compartir con las naciones del mundo: profundizar la democracia es un ejercicio permanente en el cual solo cabe perseverar y aprender, cada uno, de las experiencias del otro.

Por eso, y ya terminando, los invito a trabajar en conjunto para fortalecer la democracia en todos los espacios, en cada país y en la relación entre nosotros. Necesitamos una voz unida de América Latina, necesitamos más trabajo conjunto desde el sur global, necesitamos unas Naciones Unidas modernizadas en todos nos pongamos mismos objetivos.

A comprometernos desde el multilateralismo con la justicia y la paz, en todo momento y en todo lugar, a realizar las acciones que sean necesarias y no solo declaraciones para detener la injusta guerra de Rusia contra Ucrania y poner fin a todos los abusos de los poderosos en cualquier lugar del mundo. A movilizar nuestros esfuerzos por detener la violencia contra las mujeres, sea en Irán, en memoria de Mahsa Amini muerta en manos de la policía esta semana, o en cualquier lugar del globo. A no naturalizar las permanentes violaciones a los derechos humanos contra el pueblo palestino, haciendo valer el derecho internacional y las resoluciones que año tras año esta misma asamblea establece que conduzcan a su derecho inalienable a establecer su propio Estado libre y soberano, como también a garantizar el legítimo derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas. A seguir trabajando para contribuir a la liberación de los presos políticos en Nicaragua, y trabajar para que en ningún lugar del mundo tener distintas ideas del gobierno de turno pueda terminar en persecución o vulneración de derechos humanos.

Estimados miembros de esta Asamblea, el mundo entero demanda cambios y quienes somos parte de las nuevas generaciones, aprendiendo de quienes nos antecedieron, tenemos el derecho, y la responsabilidad de pensar y actuar para un futuro distinto. Los ciudadanos que más sufren las consecuencias de sociedades construidas desde la segregación y el abuso reclaman derechos y reclaman seguridad para vivir. Ese mundo de mayor bienestar solo lo podremos lograr con mayor democracia y ese es el llamado al que todos y todas hoy día debemos atender y desde Chile estamos disponibles para colaborar en cada lugar del mundo en aquello.

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